¡Que felices
podemos ser con las cosas insignificantes, siempre que consideremos que nos
merecemos esa felicidad! El sitio se había convertido en un lugar melancólico.
Todo me hablaba de el. Mi corazón sangraba. No podía adivinar la causa de mi
tortura, me era totalmente desconocida. Nunca había sentido algo igual; para
mí, estos sentimientos eran un misterio. Quería saber cual había sido mi error.
Esa había sido mi primera pena. Si recibiendo un daño le resulto agradable ¿Que
importa lo que me pueda suceder?

